Cómo empezar una revolución

domingo, 31 de octubre de 2010

postheadericon DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA - CAPITULO OCHO - APLICANDO EL DESAFÍO POLÍTICO




DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA

Un Sistema Conceptual para la Liberación

por
Gene Sharp

CAPITULO OCHO

APLICANDO EL DESAFÍO POLÍTICO


En situaciones en que la población se siente impotente y asustada, es importante que las tareas iniciales para el público sean acciones de poco riesgo, que le desarrollen la confianza en sí mismo. Esta clase de acciones—tales como vestirse con atuendos diferentes— puede interpretarse públicamente como una opinión disidente y brindar una oportunidad para que el público participe significativamente en un acto de disensión. En otros casos, una cuestión no política de relativamente poca importancia (vista superficialmente) como por ejemplo la consecución de un suministro de agua seguro, puede convertirse en un centro de acción grupal. Los estrategas deben escoger un asunto cuyos méritos sean ampliamente reconocidos y difíciles de rechazar. El éxito en tales campañas limitadas puede ser no sólo corregir malestares específicos sino convencer a la población de que en verdad tiene potencial para ejercer el poder.

En una lucha a largo plazo, la mayor parte de las estrategias de campaña no deben tratar de alcanzar la caída completa e inmediata de la dictadura, sino de lograr objetivos limitados. Cada campaña tampoco va a requerir la participación de todos los sectores de la población.

Al contemplar una serie de campañas específicas para implementar la gran estrategia, los estrategas del desafío tienen que considerar cómo las campañas del comienzo de la lucha, las de la mitad o las ya próximas a su conclusión se diferenciarán unas de otras.


Resistencia selectiva


En los momentos iniciales de la lucha las campañas separadas con distintos objetivos específicos pueden ser muy útiles. Estas campañas selectivas pueden hacerse una tras otra. Ocasionalmente dos o tres pueden ocurrir al mismo tiempo.

Al planificar una estrategia para la "resistencia selectiva" es necesario identificar motivos limitados y específicos o malestares que simbolizen la opresión de la dictadura en general. Tales asuntos pueden ser los objetivos estratégicos intermedios dentro de la gran estrategia global.

Es necesario que estos objetivos estratégicos intermedios sean alcanzables para la capacidad de poder, actual o proyectada, de las fuerzas democráticas. Esto ayuda a asegurar una serie de victorias que son buenas para levantar la moral, y que también contribuyen a que se produzcan cambios incrementales en las relaciones de poder que resulten ventajosos para una lucha a largo plazo.

Las estrategias selectivas de la resistencia deberán concentrarse en primer lugar en cuestiones sociales, económicas o políticas. Estas se pueden escoger a fin de conservar alguna parte del sistema social y político fuera del control de los dictadores, para recuperar el con- trol de alguna porción de este sistema actualmente bajo el control de los dictadores, o para negar a los dictadores algún objetivo en par- ticular. Si es posible, la campaña de resistencia selectiva debe también atacar una o más de las debilidades de la dictadura, tal como lo hemos explicado. En consecuencia, los demócratas pueden producir el mayor impacto posible con la capacidad de poder que tengan a su alcance.

Muy al principio, los estrategas tienen que planificar por lo menos la estrategia para la primera campaña. ¿Cuáles han de ser sus objetivos limitados? ¿Cómo van éstos a ayudar a la realización de la gran estrategia? Si es posible, sería prudente formular por lo menos los lineamientos generales para una segunda y acaso hasta una tercera campaña. Todas esas campañas han de llevar a cabo la gran estrategia escogida y operar dentro de los lineamientos generales de ésta.


El reto simbólico


Al principio de una nueva campaña para minar la dictadura, las primeras y más específicas acciones pueden tener un campo limitado. Deben estar diseñadas en parte para probar el estado de ánimo de la población e influir en él, y prepararla para continuar la lucha a través de la nocooperación y el desafío político.

La acción inicial podría tomar la forma de una protesta simbólica o podría ser un acto simbólico de nocooperación limitada y temporal. Si el número de personas dispuestas a actuar es limitado, entonces la acción inicial podría consistir, por ejemplo, en depositar una ofrenda floral en algún lugar de importancia simbólica. Por otra parte, si el número de los dispuestos a actuar es muy grande, entonces podría hacerse un paro de cinco minutos en todas las actividades u observar algunos minutos de silencio. En otras situaciones, unos cuantos individuos pueden ponerse en huelga de hambre, reunirse para una vigilia en un lugar de importancia simbólica, practicar un breve boicot estudiantil a las clases, o entrar y sentarse en una oficina importante por un tiempo limitado. Una dictadura probablemente reprimiría con crueldad las acciones más agresivas.

Ciertas acciones simbólicas como la ocupación física del territorio frente al palacio del dictador o de los cuarteles de la policía pueden incurrir en un gran riesgo; por lo tanto, no son recomendables para iniciar una campaña.

Las primeras acciones de protesta simbólica a veces han suscitado una gran atención nacional e internacional, como las demostraciones masivas en Birmania en 1988 o la ocupación y huelga de hambre por los estudiantes de la plaza de Tiananmen en Beijin en 1989. El elevado número de víctimas entre los manifestantes en ambos casos subraya el gran cuidado que tienen que tener los estrategas cuando planifican las campañas. Aún cuando estas acciones tengan un tremendo impacto moral y sicológico, por sí mismas no es probable que hagan caer la dictadura, porque permanecen dentro de lo simbólico y no alteran la posición de poder de la dictadura.

Por lo general no es posible negarles por completo a los dictadores el acceso a los recursos de poder al principiar la lucha. Para eso haría falta que prácticamente toda la población y casi todas las instituciones de la sociedad—las cuales desde antes les han estado muy sometidas—rechazaran absolutamente al régimen y que de pronto lo desafiaran mediante una fuerte y masiva nocooperación.

Eso todavía no ha ocurrido, y alcanzarlo sería sumamente dificíl.

En la mayoría de los casos, por consiguiente, una rápida campaña de completa nocooperación y desafío no sería una estrategia realista para una campaña inicial contra la dictadura.


Distribuyendo las responsabilidades


Durante una campaña selectiva de resistencia, ciertos grupos de la población son los más castigados. En una campaña posterior con un objetivo diferente, el peso de la lucha se desplazará hacia otros grupos. Por ejemplo, los estudiantes pueden irse a la huelga por una cuestión referente a la educación, los dirigentes religiosos y los fieles pueden concentrarse en el tema de la libertad de cultos, los trabajadores de los ferrocarriles pueden observar tan meticulosamente las regulaciones de seguridad que lleguen a retardar en extremo todo el sistema ferroviario, los periodistas pueden desafiar la censura publicando un espacio en blanco en el periódico donde hubiera correspondido un artículo prohibido, la policía una y otra vez puede errar y no localizar ni detener a los miembros de la oposición democrática que buscan. El escalonar las campañas de resistencia según los motivos y el sector de la población que ha de actuar les permitirá a otros sectores descansar un poco mientras la resistencia prosigue.

La importancia de la resistencia selectiva consiste en defender la existencia y autonomía de los grupos políticos, económicos y sociales así como a las instituciones fuera del control de la dictadura, como lo mencionamos antes. Estos centros de poder proporcionan las bases institucionales desde las cuales la población puede ejercer presión o resistirse a los controles dictatoriales. En la lucha, es pro- bable que sean los primeros en ser golpeados por la dictadura.


Apuntando al poder del dictador


A medida que la lucha a largo plazo se desarrolla más allá de las estrategias iniciales hacia fases más ambiciosas y avanzadas, los estrategas han de calcular cómo limitar más las fuentes de poder del dictador. El objetivo será usar la nocooperación popular a fin de crear una nueva situación estratégica más ventajosa para las fuerzas democráticas.

A medida que las huestes democráticas cobran fuerza, los estrategas organizan formas de nocooperación y de desafío más ambiciosas para negarle a la dictadura los recursos del poder, para propiciar una parálisis política y por último el fin de la dictadura y su desintegración.

Será necesario planificar con cuidado cómo podrán las huestes democráticas debilitar el apoyo que personas y grupos hayan ofrecido a la dictadura previamente. ¿Se resquebrajará este apoyo cuando les revelen las brutalidades perpetradas por el régimen, cuando les expongan las desastrosas consecuencias económicas de las políticas del dictador, o cuando tengan nuevos elementos para comprender que se puede acabar con la dictadura? Hay que llevar a los defensores de la dictadura por lo menos a permanecer neutrales, a no tomar partido o mejor a convertirse en defensores activos del movimiento por la democracia.

Durante la planificación e implementación del desafío político y la nocooperación, es muy importante prestar atención a todos los defensores y auxiliares de los dictadores, inclusive a su camarilla interna, al partido político, la policía y la burocracia, pero especialmente al ejército.

Haría falta calcular bien el grado de lealtad a la dictadura de las fuerzas militares, tanto soldados como oficiales, y determinar si son susceptibles de ser influidas por las fuerzas democráticas.

¿Pudieran los soldados comunes y corrientes ser unos presos descontentos y asustados del régimen? ¿Se podría poner en contra del régimen a muchos de los soldados y oficiales por razones personales, familiares o políticas? ¿Qué otros factores harían a los soldados y oficiales vulnerables a la subversión democrática?

Desde el inicio en la lucha de liberación debe desarrollarse una estrategia especial para comunicarse con las tropas y funcionarios del dictador. Mediante palabras, símbolos y acciones, las fuerzas democráticas pueden informar a las tropas que la lucha de liberación va a ser vigorosa, decidida y persistente. Las tropas han de saber que la lucha va a tener un carácter especial destinado a socavar la dictadura, pero que no amenaza su vida. Tales esfuerzos aspiran en última instancia a minar la moral de las tropas del dictador y finalmente a subvertir su lealtad y obediencia a favor del movimiento democrático. Se debe intentar llegar a la policía y a los funcionarios con estrategias similares.

El intento de ganar simpatías entre las fuerzas del dictador y eventualmente a inducirlas a la desobediencia no debe interpretarse, sin embargo, como una invitación a que las fuerzas militares produzcan una rápida interrupción de la dictadura mediante una acción militar. Una acción semejante no es posible que dé paso a una democracia que funcione, porque, como ya hemos explicado, un golpe de estado sirve de poco para cambiar el desequilibrio de las relaciones de poder entre el pueblo y los gobernantes. Por consiguiente, es necesario planear cómo puede hacérseles entender a los oficiales militares que simpatizan con los demócratas que ni un golpe militar ni una guerra civil son necesarios o deseables.

Los oficiales simpatizantes pueden jugar papeles vitales en la lucha democrática tales como difundir entre las fuerzas militares el descontento y la nocooperación, alentando las deficiencias deliberadas y calladamente hacer caso omiso de las órdenes, manteniéndose firmes en su decisión de no reprimir. El personal militar puede también brindar varias formas de asistencia noviolenta y positiva al movimiento democrático entre las que se incluye facilitar el paso seguro, información, comida, suministros médicos y otros.

El ejército es uno de los recursos de poder más importantes de los dictadores porque éstos pueden usar las unidades militares disciplinadas y su armamento para atacar directamente a la población desobediente y castigarla. Los estrategas del desafío deben recordar que va ser extraordinariamente difícil, si no imposible, desmantelar la dictadura si la policía, la burocracia y las fuerzas armadas se mantienen plenamente leales y obedientes en el cumplimiento de sus órdenes. Las estrategias orientadas a subvertir la lealtad de las huestes del dictador deben gozar de una prioridad especial de parte de los planificadores democráticos.

Las fuerzas democráticas deben recordar que el descontento y la desobediencia entre las fuerzas armadas y de la policía pueden resultar altamente peligrosas para los miembros de esos grupos. Pueden esperar penas muy severas por los actos de desobediencia, y la muerte por ejecución en caso de amotinamiento. Las fuerzas democráticas no deben pedirles a los soldados y oficiales que se amotinen inmediatamente; en lugar de eso, donde sea posible la comunicación, debe aclarárseles que hay multiples formas de "desobediencia disimulada" que sí pueden ser practicadas desde el principio. Por ejemplo, los policías o los soldados de tropa pueden entorpecer el cumplimiento de las órdenes de distribución, no acertar a encontrar a las personas buscadas, advertir a los de la resistencia acerca de las órdenes de represión que se han dictado contra ellos así como de los arrestos y deportaciones, y pueden dejar de transmitir información importante para sus oficiales superiores. Por su parte, los oficiales descontentos con el régimen pueden no transmitir, o demorar la transmisión de las ordenes de represión a los mecanismos encargados de ejecutarlas. Pueden disparar por encima de las cabezas de los manifestantes. Los funcionarios del estado pueden perder o traspapelar las instrucciones, trabajar deficientemente, o "enfermarse" para tener que permanecer en casa hasta "curarse".


Cambios en la estrategia


Los estrategas del desafío político tienen que estar constantemente evaluando cómo la gran estrategia y las estrategias de campañas específicas se están implementando. Es posible por ejemplo, que la lucha no marche tan bien como se hubiera esperado. En ese caso hay que pensar qué cambios se necesitan en la estrategia. ¿Qué podría hacerse para aumentar la fuerza del movimiento y retomar la iniciativa? En una situación así habrá que identificar el problema, volver a realizar el cálculo estratégico, si es posible, darle la responsabilidad de la lucha a un sector distinto de la población, movilizar recursos adicionales de poder y desarrollar acciones alternativas. Cuando esto se hubiere hecho, el nuevo plan se implementará inmediatamente.

Si, por el contrario, la lucha ha marchado mucho mejor de lo previsto y la dictadura está desmoronándose antes de lo que se había calculado, ¿cómo podrán las fuerzas democráticas capitalizar esas victorias inesperadas y avanzar hacia la paralización de la dictadura?

Exploraremos esta problemática en el capítulo siguiente.

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